jueves, 2 de octubre de 2014

De religion y marketing


Argentina es un país que tiene todo. Según consta en los libros de historia y sociología, como es saber popular en las calles y avenidas, es un país bendito.¿ Bendito por quien? Sería mi pregunta.

Si alguien nos bendijo bien bendecidos, es el Dios de los curas Brasileños. Nos empomo un ejército de pastores que hacen experimentos de Marketing Religioso con los feligreses en la TV. Yo conozco del tema porque tengo un pequeño ACV a la una de la madrugada casi todos los días que me produce un déficit de atención que a su vez produce que no pueda cambiar de canal por unos diez minutos.

Es así que en nombre de Dios, estos hijos de la Caipirinha y la falta de vergüenza, dicen frases como: “Venga Hermau y beba de u vaso de la redención, beba hermau, beba coun fe de ese vasu de agua y Diosh limpiarau su alma de pecadu” o “Acérquese a la Igleshia Univershaul este sabadu, si, este sabadu y toque u manto del perdaun”.

No es ateísmo ni falta de religiosidad lo que motiva este laico post. Sino la ridiculez atómica de estos voceros de Dios, que al darse cuenta de la falta de oportunidades, vieron la suya: Hacer creer a la gente que hay oportunidades y que ellos las administran.
Si no fuera porque detrás de estos mensajeros de Dios hay un negocio no habría nada que decir, serian como motivadores o psicólogos sociales.

¿El negocio donde esta?

Después de varias pruebas y errores llegaron a la conclusión de que si Dios es todopoderoso, omnipresente y demás súper poderes que tiene, tranquilamente puede estar en lo que ellos decidan que este. Por eso lo encontramos en un vaso de agua, un manto, una plantilla (si no es joda, para caminar en el sendero del señor) y demás.
Cuando los elementos sacros fueron todos utilizados, migraron a elementos cotidianos o mundanos con metáforas religiosas. Es así como el vaso de agua nos “purifica” de pecado, o el manto del perdón nos “cubre” de misericordia. Habiendo agotado también este recurso los especialistas dicen que el momento actual es de pura improvisación.

Es por eso que en el momento actual de escaces de recursos para convencer a la gente de que la oportunidad esta ahí, que simplemente colaborando con esta o aquella causa Dios les va a dar una de estas tan difíciles de encontrar “oportunidades”. Esta industria del delivery de milagros creo su propia fabrica de historias inventadas e improbables, donde Dios mágicamente (y solo en su sucursal y por un comodo precio o diezmo) cura todo tipo de enfermedades: Reales y inventadas, del cuerpo y del alma, recientes o crónicas: Un popurrí de milagros uno atrás del otro.


En definitiva para gastar plata y tiempo en algo incierto mejor es laburar.

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