Argentina
es un país que tiene todo. Según consta en los libros de historia y sociología,
como es saber popular en las calles y avenidas, es un país bendito.¿ Bendito
por quien? Sería mi pregunta.
Si
alguien nos bendijo bien bendecidos, es el Dios de los curas Brasileños. Nos
empomo un ejército de pastores que hacen experimentos de Marketing Religioso
con los feligreses en la TV. Yo conozco del tema porque tengo un pequeño ACV a la una de
la madrugada casi todos los días que me produce un déficit de atención que a su
vez produce que no pueda cambiar de canal por unos diez minutos.
Es
así que en nombre de Dios, estos hijos de la Caipirinha y la falta de
vergüenza, dicen frases como: “Venga Hermau y beba de u vaso de la redención,
beba hermau, beba coun fe de ese vasu de agua y Diosh limpiarau su alma de
pecadu” o “Acérquese a la Igleshia Univershaul este sabadu, si, este sabadu y
toque u manto del perdaun”.
No
es ateísmo ni falta de religiosidad lo que motiva este laico post. Sino la
ridiculez atómica de estos voceros de Dios, que al darse cuenta de la falta de
oportunidades, vieron la suya: Hacer creer a la gente que hay oportunidades y que ellos las administran.
Si
no fuera porque detrás de estos mensajeros de Dios hay un negocio no habría nada
que decir, serian como motivadores o psicólogos sociales.
¿El
negocio donde esta?
Después
de varias pruebas y errores llegaron a la conclusión de que si Dios es
todopoderoso, omnipresente y demás súper poderes que tiene, tranquilamente
puede estar en lo que ellos decidan que este. Por eso lo encontramos en un vaso
de agua, un manto, una plantilla (si no es joda, para caminar en el sendero del
señor) y demás.
Cuando
los elementos sacros fueron todos utilizados, migraron a elementos cotidianos o
mundanos con metáforas religiosas. Es así como el vaso de agua nos “purifica”
de pecado, o el manto del perdón nos “cubre” de misericordia. Habiendo agotado
también este recurso los especialistas dicen que el momento actual es de pura improvisación.
Es por eso que en el momento actual de
escaces de recursos para convencer a la gente de que la oportunidad esta ahí, que
simplemente colaborando con esta o aquella causa Dios les va a dar una de estas
tan difíciles de encontrar “oportunidades”. Esta industria del delivery de
milagros creo su propia fabrica de historias inventadas e improbables, donde Dios
mágicamente (y solo en su sucursal y por un comodo precio o diezmo) cura todo tipo de enfermedades: Reales y
inventadas, del cuerpo y del alma, recientes o crónicas: Un popurrí de milagros
uno atrás del otro.
En
definitiva para gastar plata y tiempo en algo incierto mejor es laburar.
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