jueves, 2 de octubre de 2014

La guerra del pavimento I


Hay una guerra sin cuarteles, con enfrentamientos todos los días, con armas no convencionales y estrategias nuevas.

Pocos estudios hay sobre las armas que se utilizan en la guerra del pavimento, enfrentamiento en el que los trabajadores de la calle y quienes la transitan se disputan la hegemonía de la piedra aplastada contra el suelo.
De un lado y por orden jerárquico Colectivos, Taxis y Motos. Del otro: Automovilistas, Ciclistas y Peatones. Potencias que buscan el control de la descontrolada calle. Unos promulgan el apuro o el total relajo. Los otros defienden los derechos y libertades que ni ellos cumplen. Quien lograra imponer sus intereses. ¿Serán los servicios de transporte reglamentados por la cuidad y sus amigos motoqueros, el brazo más radical y bolchevique de esta alianza? ¿O los ciudadanos que pueblan las calles exigiendo derechos que, llegado el momento, decidirán si respetar ellos mismos o no?
Aquí las principales estrategias y armas utilizadas por los beligerantes:
El colectivo: El mas centrado en el abanico de ideologías, regulado por todos las personas que lleva dentro, no puede expresar su voluntad como le gustaría. Su lucha es política, es silenciosa, socava la voluntad de sus enemigos impidiéndoles pasar en un semáforo en el que decide quedar atravesado voluntariamente para no perder 14 segundos, fiel a su ideología del apuro. Las mismas personas que lo odian cuando bajan de él son las que le dan el poder para hacerlo.
Su mejor arma es el cambio de carril. Tanto sea para cerrarte el paso y conseguirlo él, como para superar a algún aliado taxista o desconocido que se traslada muy lento para su juicio. De lado a lado por la avenida, emulando el movimiento de una mano que dice “No chiquitín”.
El Taxi: Desplazándose ideológicamente hacia la derecha del colectivero, el taxi, es el Mussolini de la calle, hace lo que quiere, no siente vergüenza ni estupor de ser como es. Su delirio lo lleva a creer que está exento de principios tan básicos como la verdad y la mentira. Es por eso que tranquilamente podemos escuchar a un taxista decir “Nacha Guevara estuvo en la isla de Lost, todos los del congreso van, sale mucha guita, pero te vas 15 días por año y no envejeces”.
Sus principales armas son la falta de criterio para elegir a qué velocidad desplazarse y la búsqueda constante de que su auto y el de otro “no taxista” disputen un lugar. Es por esto que cuando uno maneja y tiene un lugar 90% libre a uno de sus costados, incluso poniendo el guiño, el taxista SIEMPRE dejara la trompa o el culo de auto en ese 10% restante. Ni acelerar, ni frenar van a solucionarte este problema porque esa es la guerra psicológica que lleva adelante el taxista.
El Motociclista: Ya sea empleado de mensajería, Delivery o Moto-chorro; Quien circula en la cuidad en una moto, y usa a esta como instrumento de trabajo, piensa que por poder pasar entre dos autos tiene el mundo a sus pies. Su falta de respeto por todas las reglas de transito lo ponen al oeste de esta alianza, el brazo bolchevique de la misma. No hay norma, regla, sensor de velocidad, control o límite que pueda contenerlo, la calle es suya. Sus calcomanías: fluorescentes en el mejor de los casos, fluo y tornasolada en los peores, son los tatuajes y marcas de esta cruel guerra. Su poder se concreta en su organización: No importa porque, ni como, ni cuando, si un motoquero esta en problemas cualquier otro motoquero debe defenderlo. Esto significa que si un motoquero choco por cruzar en rojo a un automóvil, la culpa, es… del auto :D. ¿Por qué? Porque no es motoquero. Los peores testigos de este modus-operandi cuentan haber visto a varios motoqueros trompeando una palmera de Plaza Vicente López después de haberse cruzado frente a un Delivery Boy provocando que este perdiera el control y cayera.
Su movimiento táctico mas desplegado es la constitución de la anarquía como realidad. Es por esto que se los ve transitando sobre la vereda, en contramano, enojados por que los peatones no se mueven de su ilegal trayectoria. Piénselo, que no es esto sino la anarquía materializada. Otro claro ejemplo es la normativa auto-impuesta que permite hacer un análisis propio y subjetivo de las luces rojas de un semáforo y si esta puede ser violada o no. Confundiendo al enemigo urbanizado en lo más primordial y funcional de su estructura: La igualdad ante la ley.
Continuara…
C.D. Bergerac

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